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domingo, 23 de noviembre de 2014

A la mesa con AI WEIWEI

Antes de empezar, debo reconocer algo: hasta hace unos meses no soportaba a Ai Weiwei. No sé de dónde venía mi desgana hacia él, totalmente injustificada. Supongo que no es como con Jeff Koons, que me podría pasar horas tirando por tierra sus propuestas. Diría que no me había acercado lo suficiente a él como para que me atrajera. O que me enervó su última polémica con unas vasijas de la dinastía Han. Da igual. El caso es que, aprovechando la exposición On the table. Ai Weiwei, que puede visitarse actualmente en La Virreina, Centre de la Imatge (Barcelona), decidí pasarme por allí para darme cuenta de que su faceta como artivista me fascina.

Descubrí que Ai Weiwei es totalmente directo y sin tapujos. Su imagen, sobre todo la de las fotografías de los últimos años, desprende un carácter tan desafiante que a mí particularmente me atrae. Es por ello que debo destacar la instalación Cao. Aparentemente, nos encontramos con una sala decorada con papel pintado y lo que podríamos definir como una manta escultórica que imita la hierba. Si nos acercamos a las paredes, vemos que los dibujos del papel son, en palabras de los textos de la exposición, «el brazo con el dedo del corazón irreverente y desafiante». Vaya, un corte de mangas de toda la vida. Resulta hilarante descubrir que la palabra cao en chino significa hierba, pero es homófona de lo que en inglés equivale a fuck. Entonces empiezas a ver como del suelo se levanta una escultura que dice «¡jódete!». Pero Ai Weiwei no se dirige al espectador que decide contemplar su obra sino a las instituciones y los imperativos que se imponen al artista y al visitante para crear una imagen borrosa de la realidad. 

Ai Weiwei
Cao
2014

Así se mueve por el mundo, injuriando contra todo lo que se encuentra. Volvemos a encontrarnos con este motivo en la serie Study of Perspective, 1995 – 2011. Durante todos esos años, justo antes de ser detenido por el gobierno chino, Ai Weiwei estuvo viajando a diversas ciudades y retratando lugares muy conocidos junto a su «dedo del corazón irreverente y desafiante». De esta forma ataca al gobierno de su país, al de Alemania o al de Estados Unidos, se revela contra el pasado clásico en el Coliseo romano, se queja de la masificación turística frente a la Torre Eiffel, se ríe de las imposiciones canónicas del Guggenheim de Nueva York e incluso critica el pasado fascista español que se conserva todavía en el Valle de los Caídos. Ai Weiwei no deja títere con cabeza en una ayuda a las personas para que reflexionen sobre lo que les envuelve, para que piensen por sí mismos y tengan consciencia de sus derechos fundamentales. «La libertad conlleva el derecho a cuestionarlo todo.»

Ai Weiwei
Study of Perspective, 1995 - 2011

Como avanzaba antes, su constante crítica a los imperativos institucionales provocaron que el gobierno de China encarcelara al artista por denunciar la sumergida dictadura que todavía dirige la nación. Ai Weiwei es de los pocos que ha intentado que el pueblo chino conozca las imágenes de los sucesos de la plaza de Tian’anmen, ya que quince años después parece ser una información desconocida para la gran mayoría de la población. Esta intensa denuncia es lo que provoca la gran cantidad de documentales que pueblan la exposición. Es clave el llamado Ai Weiwei’s Appeal ¥15,220,910.50, donde se habla de su detención de 81 días durante 2011 porque fue acusado de cometer fraude fiscal a través de su estudio. El número de yenes corresponde a la contribución económica que miles de personas de alrededor del mundo aportarían para pagar su fianza. A día de hoy, el caso ha quedado en el aire sin resolver. Se pone de manifiesto, una vez más, la grave falta de democracia en China, la incompetencia del funcionariado estatal y el silencio de los principales gobiernos mundiales.



Es reconfortante llegar al final de la exposición y poder sentarse en las mismas sillas y frente a la misma mesa del estudio de Ai Weiwei. Este lugar es el que justifica el título de todo el recorrido. Tras hacer una visita ciertamente cruda sobre la falta de libertades en su país natal, el artista nos permite sentarnos a su mesa como si fuéramos uno más. Pero él no está, sigue retenido en China, desde donde mantiene difíciles contactos con agentes de todo el mundo que se dedican a mantener vivo su artivismo. Es el perfecto lugar para sentarse a reflexionar con los que nos hayan acompañado o, como en mi caso, si hemos ido solos, debatir interiormente o con desconocidos lo que acabamos de ver. Es de agradecer que Ai Weiwei cumpla con lo que propone: no se limita a denunciar sino que actúa para que las cosas cambien, cueste lo que cueste. A pesar de no estar sentado en esa mesa con nosotros parece decirnos «muévete ya o acabarás tan pisado como los demás.»

Charlie W.


La exposición On the table. Ai Weiwei puede visitarse en La Virreina, Centre de la Imatge (Barcelona) hasta el 1 de febrero del próximo año.

domingo, 26 de octubre de 2014

#TOP5 Besos

Hace un tiempo, a comienzos de junio, decidí dedicar el inicio de cada mes a una entrada en formato TOP5, es decir, crear una lista de cinco cosas que tuvieran relación entre sí para que tuvierais la oportunidad de conocer algunas pinceladas de estas e investigar por vuestra cuenta. Después de mi retiro veraniego y mi falta de tiempo este octubre, la sección había quedado desolada hasta hoy. Por eso, a pesar de no ser primero de mes, quiero dedicar mi entrada a la representación del beso en el arte contemporáneo. Como apunte, debo decir que no voy a numerar las obras del 1 al 5 como hice la vez anterior porque no quiero que en ellas se establezca una jerarquía. Las doy tal como vienen. Vamos a ver, pues, cuáles han sido, bajo mi punto de vista, cinco de los contactos labiales más intrigantes, pasionales y sorprendentes de los últimos años.

Joan Fontcuberta, El món neix en cada besada, 2014
Comienzo por uno de los besos más recientes y próximos a mí. Se trata del gigantesco mosaico creado por el artista Joan Fontcuberta colocado este mismo año en la plaza Isidre Nonell de Barcelona. A partir de 4000 imágenes sobre cerámica, el artista ha conseguido formar un gran beso en un muro que, como él mismo define, no debe ser el de las lamentaciones. Con motivo del Tricentenari, los 300 años desde la caída de Barcelona ante las tropas de Felipe V, Fontcuberta ha querido mostrar una visión de futuro, un símbolo de amor y una idea que aquí es tremendamente extendida y parece no acabar de llegar fuera: que la sociedad catalana –y en especial la ciudad de Barcelona– está abierta al mundo, a acoger a aquellos que vengan y donde todo el mundo puede encontrar su lugar. La obra es un gran beso a los que estaban, a los que están y a los que estarán, y seguro que se convertirá en un nuevo icono de la ciudad condal.



Dmitri Vrubel¸ Mein Gott hilf mir, diese tödliche Liebe zu überleben, 1990
A pocos les sonará este título y este artista –yo soy el primero en desconocer que esta obra se llamaba así–. Pero si hablo de la East Side Gallery, la larga galería de graffiti sobre el muro de Berlín, y el beso entre Brezhnev y Honecker, a todo el mundo le viene la misma imagen a la cabeza. Esta obra tiene su origen en una fotografía de 1979 en que los dos protagonistas, altos cargos de la República Democrática Alemana (RDA), se besarían durante el 30 aniversario de esta misma. Aunque es común la idea de que el artista pretendía hacer una crítica al régimen comunista durante la Guerra Fría, lo único que quería mostrar era la unión de Europa y Rusia en un beso a pesar de su separación en la línea de un mapa. Pero leyendo el título (Dios mío, ayúdame a sobrevivir este amor mortal) no podemos más que pensar que algo de ironía va implícita en la obra. El estado lamentable del mural llevaría a Vrubel a repintarlo en el año 2009, con el temor que le provocaba desfigurar un símbolo mundial que él mismo había creado.



Pierre et Gilles, El beso, c. 1995
No podía faltar esta obra entre los cinco besos que quería mostraros. Me he aventurado a titularla –aunque estoy bastante seguro de que se llama así– y a darle una fecha porque he sido incapaz de encontrar su datación, aunque puedo intuir que se inscribe en la década de los 90. Poco hay que decir: homoerotismo, libertad sexual, supresión de los prejuicios y universo kitsch. Creo que la grandeza de esta pareja de artistas franceses recae precisamente en que no hace falta devanarse los sesos para que el mensaje llegue al espectador. Por supuesto, estoy totalmente a favor de un arte que intriga y que sobrepasa al que lo mira. Pero en algo tan real y tan carnal como un beso, y más uno entre dos hombres con las repercusiones sociales que ello causa todavía a día de hoy, no hace falta más que lo que se quiere mostrar. Claro que se toman la licencia de envolverlo todo en un aura barroca y, hasta cierto punto, cursilona. Pero es que la herencia de James Bidgood, padre de esta estética y del porno gay artístico, la llevan totalmente arraigada a la piel.



Constantin Brancusi, El beso, 1907
Viajamos ahora a un mundo totalmente opuesto a lo que acabamos de ver con Pierre et Gilles. Bajo el lema la simplicidad es la complejidad resuelta, Brancusi dedicaría su obra a encontrar la esencia de las cosas a partir de su reducción de formas. Por eso encontramos dos figuras antropomórficas entrelazadas y unidas por sus labios. Cabello, ojos, labios, brazos y cuerpo. Dos formas aparentemente divididas que luchan por fusionarse, formando un bloque compacto. Es la idea más pura del beso. La tosquedad de la obra es, precisamente, lo que conduce a pensar en el primitivismo que desprende ese beso, en la pureza que hay en él, un sentimiento que parece atrapado entre los brazos de los amantes. Me resulta inevitable pensar en El Banquete de Platón, cuando Aristófanes habla de los antiguos seres que fueron divididos por la cólera de Zeus. Eran los hombres, las mujeres y los andróginos, cada uno con cuatro brazos, cuatro piernas, un cuerpo circular y dos fisionomías. El temor de los dioses a que estos pudieran aumentar su poder hizo que quedaran partidos por la mitad, condenados a buscarse eternamente para volver a unirse. Quizás ese es el beso que nos enseña Brancusi, el de un ser que por fin ha podido volver a religarse y ser uno.



René Magritte, Les amants, 1928
Este es uno de los cuadros que más quebraderos de cabeza ha traído a los críticos y que, particularmente, más me ha perturbado. Poco debería decirse de él, más que cuatro apuntes formales. Entendiendo que Magritte trabaja en el puro Surrealismo, qué puede decir alguien de la obra si no está dentro de la propia mente del artista. Lo primero que uno debe comprender al contemplar Les amants es que no hay beso alguno, no hay boca a boca. Dejémonos, pues, de amantes desconocidos, de amores trágicos y de secretismos y vayamos a la vida de Magritte. En la biografía de un surrealista es donde suele encontrarse la llama que enciende su obra. Con 14 años, el artista tuvo que ver a su madre ahogada en el río Sambre, en su segundo intento de suicido, esta vez logrado. El vestido le tapaba la cara. René Magritte negó hasta la saciedad que su obra rememorara aquel hecho. Dalí también negaba haber amado a Lorca y se murió con su nombre en los labios. ¿Quién puede entender a un surrealista? Sea como fuere, los amantes de Magritte seguirán intrigando a las generaciones venideras con un beso que ni siquiera es un beso.




Charlie W.

domingo, 8 de junio de 2014

¿De quién queréis ser siervos?

Estamos anclados. Maldita Posmodernidad. Llevamos unos 40 años en los que no hemos avanzado nada. Y no, no me refiero a la situación política. Ese es otro asunto. Aquí hablo de arte, de la práctica artística a nivel mundial. Podemos afirmar con total rotundidad que hay muy poco más allá de las performances americanas de los años 70. Por supuesto que la aparición de nuevas tecnologías ha dado lugar a otros soportes insospechados pero es el único cambio estimable. Todo lo que se está haciendo ahora es una reinvención tras otra de la Historia del Arte.

La gente exclama: «¡El arte contemporáneo apesta! ¡No tiene ningún sentido! ¡Quemad las obras del último siglo!». Y no es una parodia. Me he visto en más de una conversación del estilo. Quemémoslo, pues. Suprimamos el arte surgido en los últimos 100 años. Eso sí: sepa aquel que lleve la antorcha que nos va a reducir a todos a cenizas. Porque el arte, señoras y señores, es el máximo exponente de la cultura. Es el mejor narrador que tenemos para explicar qué somos. Si algo refleja una obra es el ser en el tiempo, una especie de dasein heideggeriano. Podemos engañarnos creyendo que la televisión y el cine han destruido la oralidad y la textualidad de la cultura, pero así olvidaremos que el arte ha sido siempre visual y que su diálogo con nosotros no tiene palabras.

Al ser actual le toca avanzar. Si el mundo ha cambiado, ¿por qué no puede hacerlo él también? ¿Qué es lo que ha pasado para que no se produzca un punto y seguido? ¿Será desinterés? ¿Miedo, quizás? ¿Holgazanería? ¿Han muerto las musas? O peor aún, ¿han muerto el arte y los artistas? Soy de los que opinan –supongo que alguien más habrá– que Danto no acertó al decir que el arte había muerto. Defiendo que el arte sigue vivo. Pero débil. Al mismo tiempo, creo que también puede haber sucedido un cambio de paradigma y que no nos hayamos dado cuenta. Es decir, que el arte haya llegado a su fin o, si más no, esté detenido, y que la práctica artística actual sea algo del mismo nivel pero con algo distinto. No sé qué es ese algo. Pero en él radica el poco aprecio que la sociedad contemporánea tiene por su arte. Porque es suyo. Si el arte es representante de una cultura, lo que se está haciendo ahora representa a los seres que habitan el mundo.

Jaume Plensa
Body of Knowledge
2010
¿Por qué seguir aferrados al pasado? ¿Cómo puede avanzar una sociedad si no deja de mirar hacia atrás? Tampoco estoy hablando de fijar la vista en un lejano horizonte. Yo hablo del ahora. Debemos pensar en el momento actual. Si realmente hay un desinterés por el arte contemporáneo, ¿cómo vamos a superarlo si todavía se espera un regreso del Renacimiento? Me asusta pensar que podemos estar reviviendo a los fantasmas del pasado, un Neo-Neoclasicismo zombie que se nos acabará comiendo el cerebro unido a una sociedad contemporánea que está cómodamente aposentada en un vacío artístico.

Warsheh
Not Art
2014
Voy a intentar especificar esto con dos ejemplos. Por una parte, la actual línea de los fotógrafos con la doble exposición. Cada vez surgen más artistas que cogen una cámara y mezclan un par de fotografías que superpuestas pueden dar lugar a algo bello. Lo más positivo de esto sea, quizás, que muchos no utilizan retoque por ordenador y eso contribuye en la dificultad de ejecución. Pero, ¿qué están diciendo estas fotografías? ¿Son realmente representantes del siglo XXI? ¿Es eso el año 2014? Qué mejor que la fotografía para hablarnos de un aquí y un ahora concretos. Pero no dicen nada más. Este tipo concreto de arte no está investigando nada nuevo, no propone un discurso diferente a los que han llegado hasta ahora, no remueve la conciencia de la sociedad. En definitiva, es un arte vegetativo, comatoso, moribundo.

Christoffer Relander
We Are Nature Vol. III
2013

Por otra parte, podemos pensar en la escultura hiperrealista. Increíble, ¿no? Es como si, en cualquier momento, uno de los personajes que representan pudiera empezar a moverse y hablar con nosotros. Tranquilos, no lo va hacer. ¿No eran hiperrealistas las esculturas griegas, por irme a la otra punta de la Historia? Perdónenme, pero la cara del sacerdote Laocoonte de los escultores de Rodas del siglo I de nuestra era evoca una terribilidad que ya quisieran conseguir muchos hiperrealistas. Ha avanzado la técnica pero el arte está parado.

Patricia Piccinini
The Listener
2013
El problema es, entonces, de base cultural. Son los seres los que parecen haberse quedado detenidos. Ahí estamos desde hace décadas. Y las perspectivas de futuro son muy negras. Dos soluciones veo: o se derriba todo lo pasado y se empieza desde cero o estamos abocados al desastre. Si hay algo específico y único en el arte contemporáneo es su capacidad para ir más allá de lo que se ve. Mientras que Velázquez se somete a la familia de Felipe IV, el artista actual tiene la posibilidad de atormentar a Felipe VI. El espíritu de crítica y ataque, allí es donde se consigue llegar en el siglo XX. Por encima de la censura, el artista de verdad lucha. Pero si se encuentra una sociedad que no le comprende y que reniega de su arte en pro de los arcaísmos del pasado, ¿qué más puede hacer él que insistir hasta resignarse? La sociedad debe aceptar de una vez por todas el arte contemporáneo, acercarse a él e intentar comprenderlo, volverse crítica y reaccionaria, para poder superarlo y llegar a lo que debe haber en el horizonte. Vamos directos al suicido. Si matamos a la cultura, nos vamos a acabar matando a nosotros mismos.


Charlie W. 

domingo, 18 de mayo de 2014

¡Qué arte tienes, maricón!

Ayer se celebraban 24 años de la supresión de la homosexualidad como un trastorno mental por parte de la Organización Mundial de la Salud. Es por ello que se celebró, una vez más, el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia. Como comenté a mi gente, considero que todavía queda mucho por hacer para lograr una sociedad totalmente igualitaria: acabar con la discriminación en las aulas y en los puestos de trabajo, liberar a los transexuales de la presión social y médica, aceptar la bisexualidad, intersexualidad o asexualidad como otras formas de vivir y, por supuesto, lograr que internacionalmente, la comunidad LGBTI no esté sometida a delitos y penas de muerte. Para evitar que esto se convierta en un valle de lágrimas propio de Escarlata O’Hara, he pensado que sería divertido hablaros de todo aquello que yo considero arte dentro del mundo gay, más allá de lo reivindicativo. L'art pour l'art, pero más animado.

No puedo empezar de forma mejor que mencionando a Pierre et Gilles. La maravillosa pareja artística y sentimental francesa ha dedicado su producción artística a crear una fotografía única. Su obra empezó a conocerse gracias a que incluyeron en sus trabajos a gente de la talla de Andy Warhol o Iggy Pop. Han conseguido elaborar un universo propio de ensueño en el que abundan los torsos musculosos, las caras angelicales y los entornos paradisíacos. Es una fotografía para el puro deleite visual. No intenta decir nada, no pretende lograr cosas, no remueve la conciencia del espectador... ¿o sí? Vaya, más de un cura clamaría al cielo al ver su maravillosa recreación de San Sebastián. Aunque algún otro seguro que buscaría una copia de la obra para llevársela a su celda, no me cabe la menor duda. Su influencia no podía venir de otro lado que no fuera del porno. Podría decirse que son descendientes casi directos de James Bidgood, el cineasta que supo mantener la pornografía como un arte y no rebajarla al puro sexo, donde está ahora relegada. 

Pierre et Gilles
Mercurio
2001
Y de una pareja artística y sentimental a otra. Si alguien ha hecho en este país algo por lograr la apertura sexual, esos fueron Costus. Es la representación por excelencia del pop español y la Movida Madrileña. Fueron esenciales para transformar la cultura enraizada en el más estricto tradicionalismo dictatorial. Sólo hay que ver el retrato que hicieron de Carmen Polo para darse cuenta de cómo se la jugaron. Pintar a la viuda de Franco en plena transición democrática es síntoma de que algo estaban haciendo por el cambio. Y si Pierre et Gilles tuvo a James Bidgood, Costus tuvo a Fabio McNamara, genialidad única e irrepetible. Más allá de las actuales polémicas en cuanto a su figura, es innegable la presencia que ha tenido Fabio en la historia cultural de este país. El punk, el pop, las drag queens, el cine alternativo, el sexo libre y un eterno etcétera. Todo pasa por Fabio. Puede que sin Costus, Fabio y el ambiente que les rodeaba, todavía seguiríamos con el carro de Manolo Escobar.

Costus
Carmen Polo, viuda de Franco
1978
Ahora que está tan de moda trabajar con el mundo Disney y sacar de él toda la esencia gay –casi de forma enfermiza, os estáis pasando– no se puede dejar al margen la obra de José Rodolfo Loaiza Ontiveros. Fue uno de los primeros que cogió a las princesas modositas y a los fortachones y les hizo esnifar cocaína, morrearse entre ellos y raparse. ¿Reivindicativo? Puede. A mí me divierte más que me impacta. Es algo que cualquiera que no sea muy cerrado de miras ha reflexionado alguna vez: la factoría Disney ha negado al colectivo LGTBI de sus creaciones. O los ha ocultado, porque Úrsula, Maléfica y Jafar podrían compartir piso en Chueca.

José Rodolfo Loaiza Ontiveros
Disasterland
2012
En la línea de José Rodolfo, la artista canadiense Dina Goldstein ha intentado eliminar el estereotipo de la muñeca Barbie a través de su serie de fotos In the Dollhouse. La representante del colectivo de niñas tontas americanas vive encerrada en su casa rosa mientras Ken le pone los cuernos con otro muñequito. Pobre. Dina es tan drama queen que hace que Barbie se acabe cortando la cabeza. Vaya, todo un espectáculo. La propuesta es sumamente genial. El problema está en las madres protectoras que se aterrorizan ante la posibilidad de que el ídolo de sus hijas sea engañado por un homosexual desviado. A las One Million Moms les va a acabar dando un ataque con cosas como estas. Lo mismo se cortan la cabeza ellas también.

Dina Goldstein
The Affair
2011
Más allá de la fotografía, la pintura o la ilustración, hay cientos de elementos que se fusionan con la comunidad LGTBI y consiguen hacer de ello una verdadera cultura: Judy Garland en El mago de Oz, Carmen Miranda, ABBA, las novelas de Gore Vidal, Freddie Mercury, Liberace, Nancy Sinatra, The Rocky Horror Picture Show, Amanda Lepore, Roberta Marrero, los hermanos Versace, Liza Minnelli, Ellen DeGeneres, Dolly Parton, Priscilla, reina del desierto, La Prohibida, el cine de Andy Warhol, John Waters y Pedro Almodóvar, Bette Midler, Jane Fonda en Barbarella, Donna Summer, Mary Poppins, los Village People, Hedwig and the angry inch, Fangoria o la Veneno. ¡Ojo! Yo no estoy diciendo que esta lista esté restringida al mundo homosexual. Puede que mi gusto esté estereotipado. Pero ya que esta entrada es un elogio al mundo LGBTI, qué menos que hablar de lo que nos une culturalmente. Por supuesto que habrá heterosexuales que se puedan ver identificados con todo lo que he dicho. Mejor aún, ahí reside la igualdad, en encontrar nexos culturales comunes que no tienen nada que ver con quién se va a la cama cada cual. En definitiva, que vivan las personas, que viva el arte y que viva el sexo.



Charlie W. 

domingo, 23 de marzo de 2014

Perspectives: Art, Inflammation and Me

El ser humano está cargado de atributos. Ser bajo, inteligente, de Pakistán o tener mal carácter al levantarse, son parte de un infinito grupo de elementos que nos acompañan a lo largo de nuestra vida. Algunos los podemos eliminar y sustituir por otros que nos parecen mejores. Otros podemos esconderlos, esperando que no salgan en el momento más inoportuno. Pero hay unos con los que estamos obligados a convivir, ya sean buenos o no. Recientemente, yo he adquirido uno de estos atributos. Soy enfermo de Crohn, algo que me va a acompañar el resto de mi vida. Por el momento, es algo que estoy aceptando. Y quería darle visibilidad. ¿Cómo hacerlo a través del arte contemporáneo? Tuve la suerte de toparme con la exposición “Perspectives: Art, Inflammation and Me”, una agrupación de 200 artistas de 40 países que decidieron hablar con su obra de algunas enfermedades inflamatorias crónicas. No he encontrado mucha información, así que esta entrada será breve en cuanto a contenido artístico. Pero, por lo menos, que quede demostrado que el arte también es la herramienta que puede dar voz a los desconocidos.

Así pues, el pasado mes de febrero tuvo lugar en Copenhague el IX Congreso de la Organización Europea de Crohn y de Colitis Ulcerosa (ECCO). Con motivo de este, las obras encontraron un espacio donde poder ser expuestas, la primera parada de un viaje que esperemos pase por España. Si puede ser por Barcelona, mejor que mejor. Todas las obras reúnen algo en común: son el resultado de la conexión entre el artista y el paciente. A través de ellas, se crea un diálogo en el que las manos de uno consiguen representar la voz del otro. No es sólo una muestra de la enfermedad. Lo que en cada una de las obras se ve es la experiencia personal del paciente. Lo que se expone son alrededor de 200 experiencias, 200 sufrimientos, 200 alegrías, 200 preocupaciones y 200 esperanzas. Porque, por supuesto, cada uno vive la enfermedad como le toca. Esto me recuerda que, hace poco, leí que Ridley Scott, el director de Alien: el octavo pasajero, también había sufrido Crohn. Sólo tenéis que ver el nacimiento del personaje para imaginaros lo que es.

Pero aquí no vengo a hablar de la enfermedad en sí sino del arte. Considero que el hecho de llevar una enfermedad al terreno artístico también es una ayuda para el médico. Algunas veces, no en mi caso, aquel que atiende al paciente se limita a aquello físico, a lo que le sucede corporalmente, dejando de lado la parte moral. Es fundamental en una enfermedad de una magnitud así el hecho de poder sentirse recogido. No se busca únicamente una solución. También se busca la comprensión. Por ello creo que este tipo de exposiciones que llevan la experiencia del paciente a la obra de arte, puede hacer comprender al médico que no debe olvidar lo humano. En la enfermedad se sufre, pero el arte puede ser la expiación y la explicación de este sufrimiento.

Con esta entrada, estoy intentando contribuir en dar visibilidad, yo también, tanto a la enfermedad como a la exposición. Es por ello que me ha costado encontrar material para realizarla pero he tenido la suerte de poder dejaros algunas de las imágenes de las obras de Perspectives: Art, Inflammation and Me. Debo decir, antes de pasar a ellas, que muchos de los artistas no son únicamente profesionales e independientes. También hay estudiantes de facultades de Bellas Artes de distintos países –España, Francia, Canadá…– que han querido colaborar en este revelador proyecto.

Así pues, una de las obras más sencillas pero que a la vez dice muchísimo es la del artista Florian Zyba, Como la sombra que siempre nos persigue. La técnica es simple: un lienzo circular con un color amarillo de fondo está recubierto por miles de puntos de muchos colores. En sí, la imagen ya nos puede ir acercando a una placa de petri, un recipiente donde se consigue el cultivo de microorganismos para su posterior estudio. Pero hay algo más. Florian quiso representar el momento en que el paciente se da cuenta de su enfermedad. Este es el color de fondo, ese amarillo intenso, que está siendo cubierto por los puntos de colores. La enfermedad va cubriendo al que la sufre. 

Florian Zyba
Como la sombra que siempre nos persigue
2013
Como ya he dicho anteriormente, la exposición pretendía dar voz a múltiples enfermedades inflamatorias crónicas. En el caso del conjunto Floriasis¸ se da una interpretación plástica de la psoriasis. Esta enfermedad tiene un handicap añadido y es la repercusión estética sobre el paciente, de lo que se deriva el alejamiento de este de los que le rodean así como del rechazo de la sociedad a alguien de aspecto diferente. Lo que consigue la fotografía no es únicamente explicar una historia. La propia paciente está dando la cara por todos aquellos que sufren. Al mismo tiempo, el hecho de que sean dos imágenes también habla sobre la enfermedad, sobre la etapa en que se mantiene latente y en la que se manifiesta. La piel es el mapa donde la vida nos va marcando. Y así lo hace la psoriasis.

Sandro Aguilar
Floriasis I/ Floriasis II
2013
Como no podía ser menos, os quiero dejar también con un par de obras de afectados por el Crohn. La primera de ellas representa la relación entre la vida del paciente y la enfermedad. A través de un personaje clásico, se muestran los momentos en que la enfermedad se interpone a las pasiones y las inclinaciones del paciente y la soledad y el abandono que puede llegar a vivir este.

Filippo Messina
Il mondo di Chron
2013
La última fotografía prefiero que hable por sí sola. Eso es el dolor y el malestar del Crohn. Y eso es contra lo que Perspectives: Art, Inflammation and Me ayuda a luchar, para que llegue un día en que la obra sea el único vestigio de la enfermedad.

Veronica Roccoli
Il morbo di Chron
2013


Charlie W.

domingo, 1 de diciembre de 2013

La lucha artística contra el VIH

Desde el año 1988, la sociedad mundial conmemora, cada 1 de diciembre, la lucha contra el VIH. Este es el virus de inmunodeficiencia humana, una infección transmitida de forma sexual, sanguínea o perinatal que afecta directamente a las células del organismo, provocando que éste no pueda defenderse de otras infecciones oportunistas que le debiliten hasta la muerte. En la actualidad, existen fármacos para apaciguar la fuerza del VIH y evitar su etapa crítica, el SIDA (Síndrome de inmunodeficiencia adquirida), pero sólo desde el año en que se inició la conmemoración de este día, el VIH ya se ha llevado a más de 25 millones de personas en todo el mundo. Y debo recordar que eran hombres y mujeres, heterosexuales, homosexuales y transexuales, blancos y negros, creyentes y ateos, sin excepción. Es una enfermedad que puede llegar a todos.

Artistas de alrededor del mundo han dedicado su obra, o parte de ella, a representar su relación con el VIH. Desde su rápida expansión en los años 80, el arte contemporáneo ha abierto sus puertas sin miedo a dejar que los artistas hablaran de una realidad hiriente. Lo que pretendo a continuación es mostrar algunos de los artistas que más han trabajado sobre este tema, viendo como una realidad particular afecta directamente a toda la sociedad. No se puede apartar la mirada de todos aquellos que a diario luchan por no morir y el arte siempre está ahí para contar su historia.

Untitled (Portrait of Ross in L.A.)
Félix González-Torres
Uno de los hombres que más ha tratado este tema es Félix González-Torres, artista nacido en Cuba, criado en Puerto Rico y experimentado en Nueva York. Se encargó de crear una dualidad entre lo individual y lo colectivo, haciendo ver a la sociedad que sus propios problemas afectaban también a los espectadores. Toma como objeto artístico lo cotidiano y el producto manufacturado, aquello que la población tiene en su casa para mostrar una dura realidad. Con algo tan simple como una pila de caramelos, González-Torres consigue que el público pueda llegar a sentir una minúscula parte de su dolor. Estoy hablando de Untitled (Portrait of Ross in L.A.). Abatido por la muerte de Ross -su pareja- a causa del VIH, el artista coloca en una sala una cantidad de caramelos que pesan exactamente lo mismo que Ross. Los visitantes pueden escoger llevarse uno de estos hasta que el montón desaparece. Entonces se vuelve a reponer. Con qué facilidad nos habla González-Torres de compartir el dolor al mismo tiempo que sigue persistiendo, que cuando parece que desaparece vuelve. Inevitablemente también está advirtiendo, a mi forma de entender, la facilidad con la que el VIH se expande. Considero que es una llamada de atención, una advertencia a la precaución y al control sobre la enfermedad. 


Untitled
Keith Haring
Keith Haring es otro de los artistas que más ampliamente trató el tema que nos ocupa, debido a que él mismo murió a causa del VIH. Fue uno de los primeros en romper la barrera de los museos e ir directamente a la calle, a reivindicar sobre los muros, con el graffiti, la realidad de la sociedad que le envolvía. Como Félix González-Torres, Haring pretendía expandir su arte ligado a su enfermedad para que la población fuera consciente, para que los jóvenes pararan un momento a reflexionar y pudieran evitar el contagio. Su arte, popularizado en los muros y metros de Nueva York ha llegado al punto de diseminarse entre la sociedad a través de la ropa, los objetos de papelería o las campañas publicitarias. Cualquiera puede tener un Haring en su casa y ni siquiera se da cuenta de ello. El aviso que el artista quería dar se ha difuminado a causa del consumismo pero, gracias a él, otros artistas actuales continúan su estela para que los afectados por el VIH no caigan en el olvido.


Otra de las artistas que más abiertamente ha tratado este tema es Nan Goldin que, a pesar de no vivir la enfermedad en ella, ha visto como muchos de sus amigos han caído. Y es por ello que decide trabajar artísticamente y a través de la fotografía sobre el VIH, por evitar el olvido de aquellos a los que ha querido y se han ido, por abrir al mundo una realidad que no debe esconderse, porque el SIDA es un problema de todos. Uno de sus más impactantes trabajos es la serie de 15 fotografías que realizó a su amiga y actriz Cookie Mueller entre 1976 y 1989. A lo largo de las imágenes puede verse como la enfermedad va afectando a Cookie, además de la muerte de sus amigos y de su propio marido, hasta desembocar en la protagonista en el ataúd. No es amarillismo, es realidad. Es un testigo del dolor que un afectado por el VIH debe cargar a lo largo de su vida. Y es la posición de Nan Goldin como amiga, como persona que supo el lugar que debía ocupar, como acompañante de Cookie y como refuerzo de su dolor.


Cookie Mueller's Portfolio
Nan Goldin


Carrying
Pepe Espaliú
Por último, y no por ello menos importante, podemos acercarnos hasta nuestro país, que también ha sufrido el peso del VIH. Pepe Espaliú fue uno de los que decidió romper el silencio y hablar directamente, en un país de bocas calladas y dedos acusadores, de una realidad que no podía esconderse más. Espaliú sabía que el miedo era el dictador de España y debía hacer algo por poner fin a ese analfabetismo que imperaba en el pueblo. En el 1992, un año antes de su muerte, organizó una potente acción en Madrid llamada Carrying. Él mismo se pasearían por la ciudad, portado por una pareja desde las Cortes hasta el Reina Sofía, descalzo. Durante el recorrido, los portadores irían cambiando pero él nunca tocaría el suelo. Al llegar ante el Centro de Arte Contemporáneo, antiguo hospital de tuberculosos, las puertas estarían cerradas y el propio Espaliú las abriría de una patada. Se abrirían así las puertas a la información, se abrirían las bocas de todos los afectados por el VIH para dejar atrás los tabús de una España que debía avanzar. 



Así pues, hemos visto a cuatro artistas que trataron directamente y sin miedo el VIH. Podrían haber sido otros cuatro o dedicarnos a uno o hacer una larga lista de nombres y obras. Da igual. La cuestión es utilizar el arte como forma de expresión. Si hoy recojo aquí a estos artistas es por hablar de la realidad del VIH, son una excusa, un pretexto. Con cada artículo pretendo presentar verdades del arte pero lo que ahora intento es que tú abras los ojos y la boca, que no entiendas el VIH como un problema ajeno. Esto es por todos los que han caído y por todos los que siguen luchando. Va más allá de Haring o Espaliú. Va a la sociedad en la que vivimos, al mundo y el lugar que ocupamos en él. Que nos domine la razón y el sentimiento y que nunca permitamos que lo que otros quisieron acallar se interponga como una piedra en el camino. Hoy va por ellos, ese ellos que somos nosotros.

Charlie W.

Aquí os dejo algunos enlaces de asociaciones de lucha contra el VIH, información sobre la enfermedad y lugares donde hacerse la prueba:


domingo, 24 de noviembre de 2013

WORLD PRESS PHOTO 2013

Un año más, la ciudad de Barcelona acoge en su seno la World Press Photo, una exposición mundial de fotografía periodística organizada entre la Fundación Photographic Social Vision y el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). El resultado de ésta son las 143 fotografías ganadoras del premio internacional de fotoperiodismo, al que se han presentado más de cinco mil fotógrafos. “Face reality” era el lema de este año, haciendo un retrato directo de las distintas realidades del planeta. La imagen se convierte así en una muestra del punto en el que estamos y del lugar que ocupamos en el mundo.

Si bien es cierto que las fotografías son terriblemente efectivas –muchas de ellas dolorosas– también podemos cuestionarnos la figura del autor. En palabras de Susan Sontag, «mientras las personas reales están por ahí matándose entre sí o matando a otras personas reales, el fotógrafo permanece detrás de la cámara para crear un diminuto fragmento de otro mundo: el mundo de imágenes que procura sobrevivir a todos» (Sobre la fotografía, 1973).

Al leer las cartelas que acompañaban a cada fotografía, cada vez se generaba en mí una polaridad más clara. Es decir, en la World Press Photo podemos encontrar –al margen de temáticas establecidas por la organización– un primer grupo de fotos puramente periodísticas, mecánicas, aquellas en las que el autor estaba en el momento y el lugar preciso. Por otra parte, encontramos un segundo grupo de fotos más elaboradas en las que se plasma un sentimiento, en las que el sujeto va más allá.

Así pues, este primer grupo de fotos mecánicas me llevó a pensar en la capacidad del ser humano de mantenerse ajeno a lo que le rodea únicamente por lograr su objetivo. Pongamos por caso Wounded Baby, Aleppo, de Sebastiano Tomada, en la que se nos presenta a un niño solo y asustado, llorando en uno de los pocos hospitales que quedan en pie tras el conflicto sirio. Me recordó inmediatamente a la famosísima fotografía de Kevin Carter, La niña y el buitre, por la que recibió un premio Pulitzer pero de la cual se dice que fue la causante de su suicido. Ahí está el debate: ¿es posible que un fotógrafo pueda alejarse tanto del horror que le rodea por el mero hecho de fotografiar lo que está viendo? ¿Es un héroe por presentar la realidad? ¿Su trabajo es casual, un momento oportuno, un golpe de gracia? ¿Está hueca de sujeto su obra? ¿Cuánto hay de amarillismo en ella? Prefiero que tú, lector, respondas por ti mismo.

Wounded Baby, Aleppo
Sebastiano Tomada

El contraste se produce con el segundo grupo, con aquellas fotografías que me hicieron ver que, al margen de ser periodísticas, tenían un trabajo más elaborado, en las que el sujeto no era únicamente el ser fotografiado sino en las que también el fotógrafo tenía la capacidad de intervenir. Un ejemplo es la serie de fotos Mirella, de Fausto Podavini, en la que se narra la historia de un matrimonio de cuarenta años, el de Mirella y Luigi. El autor nos muestra como ella, ahora en la vejez, se dedica por completo a su marido afectado por el Alzheimer. Y es aquí donde aparece el fotógrafo como artista. No es un instante que muestra una realidad, es un proceso de contacto con los sujetos, es un conocimiento del estado de la cuestión, es la unión entre artista y obra. El fotógrafo, a pesar de dedicar su trabajo a la prensa, es capaz de hacer arte de aquello que ve.

Mirella
Fausto Podavini

Con esto no estoy queriendo decir que el trabajo de los fotógrafos propiamente periodísticos sea menos que el de los artísticos. Por supuesto que encuentro valeroso adentrarse en una guerra y tomar capturas de lo que sucede. Pero no puede compararse el trabajo de unos con el de los otros. Al igual que no es el mismo trabajo el de aquel que escribe una novela que el del que redacta noticias en un periódico, no podemos igualar la diferente forma de trabajar de ambos fotógrafos.

Así pues, os guste un tipo de fotografía u otra, seáis partidarios del sujeto o tengáis preferencia por el objeto, o simplemente queráis contradecirme y hacerme ver que lo que digo no se aguanta por ningún lado, os invito a pasaros por el CCCB hasta el 8 de diciembre. Como mínimo, aunque ese componente artístico os falte, podréis descubrir las realidades que van más allá del mundo occidental.

Charlie W.